La historia de El Rastro de Madrid

En el corazón de Madrid, entre las estrechas calles del barrio de La Latina, se despliega un abanico multicolor de cultura, tradición y comercio: El Rastro. Este emblemático mercado callejero es mucho más que un lugar de compras: es un escenario donde se entrelazan siglos de historia, historias de comerciantes y clientes, y una atmósfera única que cautiva a locales y visitantes.

Es difícil contar en un único texto toda la historia de uno de los mercados al aire libre más antiguos del país. Pese a ello, en el blog de hoy conocerás el origen y algunos datos que no conocías sobre la joya de la corona de los Mercadillos de Madrid: el mítico Rastro. ¡Vamos allá!

Orígenes medievales

Para conocer los primeros datos sobre este mítico mercado al aire libre debemos remontarnos al siglo XV. Tras el final de la Edad Media, uno de los tiempos más oscuros de nuestra historia a nivel cultural, Madrid es tan solo una pequeña villa a orillas del río Manzanares que se encuentra en expansión. Es en ese momento cuando se hace popular un matadero localizado en el barrio de la Latina. Los comerciantes compraban las reses y las transportaban hacia sus comercios arrastrándolas por las calles. Es esta la razón por la que sus calles se pintaban de rojo por la sangre que iba dejando su rastro.

La gran afluencia de comerciantes a dicho matadero hizo que algunos vendedores ambulantes intentaran vender otros productos en esas mismas calles. De esta forma, los comerciantes podían no solo comprar la carne, sino también otros productos en el camino de vuelta hacia su tienda. Con el tiempo, este recorrido se convirtió en un mercado improvisado donde se comercializaban diversos productos, desde alimentos hasta objetos de segunda mano.

De esta forma, además del rastro de sangre que dejaban y que es causa de su nombre actual, comenzaron a verse los primeros puestos en la misma zona en la que, en la actualidad, cientos de madrileños pueden disfrutar de la oferta comercial más grande de los Mercadillos de Madrid.

Un pequeño mercadillo que se expande

Durante los siglos XVI y XVII, la ciudad de Madrid se expandió como nunca. Su ubicación en el centro de la península y la designación por parte del Rey Felipe II como sede de la Corte en 1561, la convirtió en la capital de España. Esto también hizo que el pequeño mercadillo del barrio de La Latina tuviese cada vez más importancia, atrayendo a comerciantes de toda la región y convirtiéndose en un sitio de referencia cada domingo como lugar de ocio, comercio e intercambio de bienes.

En el siglo XIX, bajo el reinado de Isabel II, la tardía industrialización española cambió el paradigma de la ciudad: aumentó mucho la población obrera, nacieron nuevas barriadas y, por supuesto, el comercio vivió también un enorme crecimiento. Es durante mediados del siglo XIX cuando El Rastro se expande por las calles adyacentes, aglutinando cada vez más comerciantes. Por ello, en 1845 se establecieron los primeros horarios de apertura y cierre, se exigieron ciertos requisitos de seguridad e higiene, estos últimos como consecuencia de la pandemia del cólera, y se organizó y acotó el lugar de celebración de El Rastro.

El Rastro en la actualidad

Hoy en día el Rastro es, sin lugar a dudas, una referencia a nivel europeo de comercio al aire libre. Su celebración todos los domingos del año ha convertido al barrio de La Latina en una visita obligada para miles de visitantes por su peculiar ambiente comercial y su encanto. Sus estrechas calles están repletas de puestos que ofrecen una amplia gama de productos, desde antigüedades hasta ropa vintage y artesanías locales.

Más allá de ser un simple mercado, el Rastro es un reflejo de la historia y la identidad de Madrid, un lugar donde se entrelazan siglos de cultura, de historia viva de Madrid, de tradición y modernidad en un único espacio al aire libre.

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